En repetidas ocasiones ha dicho el candidato de la U que no puede imaginarse un gobierno presidido por Antanas Mockus; que "no se imagina un Festival de la Leyenda Vallenata sin peleas de gallos ni una Feria de Cali sin corridas de toros" al sentar su posición frente a la preocupación de muchos por el maltrato animal. O que "nadie se imagina a Germán Vargas Lleras, subido en una tarima, abrazando a Piedad Córdoba o a Gustavo Petro", para referirse a posibles alianzas -si es que hay segunda vuelta- con el candidato colero en las encuestas.
Un copartidario, Oscar Berbeo, ex concejal de Ibagué, dijo en declaraciones a El Tiempo “yo no me imagino a un Presidente bajándose los pantalones en un Foro Económico Mundial o en una reunión de Unasur arrojándole un vaso de agua a Chávez o a Correa y menos me lo imagino combatiendo al 'Mono Jojoy' con zanahorias o recibiendo a Alfonso Cano con ramitas de mirto”. En términos generales, muchos colombianos, atrapados en el miedo, no logran imaginarse a Colombia dando el próximo paso con firmeza; no se permiten soñar con un mundo mejor...Con el hoy caduco eslógan “porque retroceder no es una opción”, la campaña de Santos no sólo pretendía atemorizar a los colombianos, tácitamente aceptaba y transmitía el mensaje de que ni el candidato ni sus asesores se imaginan una Colombia post Uribe; que en un eventual gobierno suyo no sería necesario replantear el próximo paso, recomponer las cargas, revisar el mapa; volver a sacar la brújula. Pero la gente sabe que no todo va bien, que hay mucho que reimaginar y corregir. Esta noche el mismo Santos ha reconocido que publicitariamente la campaña marcha mal y ha optado por "retroceder" y retomar el logo de U. Ese tampoco es el camino. La gente sabe que Santos no es Uribe, y el mismo candidato debería saber que el teflón, como los votos, tampoco es endosable. La campaña no sintoniza: sigue en el 2002.
Poco imaginativas también algunas de su últimas propuestas: ¿contribuye en algo a la actual contienda confesar que fumó marihuana en su años de universitario, fuera de pretender caerle bien a una generación de muchachos con quienes no ha logrado conectar?; ¿no es una idea descabellada y de enorme insensibilidad social proponer el Mundial de Fútbol para 2026 en un país con 22 millones de pobres y con 7 millones en la miseria absoluta? ¿No es de poco ingenio, por no decir poca monta, pretender copiar a Mockus con su tardía promesa de la importancia que su gobierno le daría a la educación?
No se percibe en Santos imaginación para ofrecer el futuro que un electorado espera de un candidato presidencial; por el contrario sigue sacando las fórmulas y conceptos del sombrero de un Uribe que hace ocho años simbolizó la esperanza, el futuro de una Colombia agobiada, pisoteada y traicionada por las Farc. Su error radica en que aunque el país ha cambiado precisamente gracias a Uribe su campaña se empeña en comunicar lo contrario.
Grave estrategia para conservar el uribismo el poder porque el electorado también ha cambiado: en el 2002 el Presidente era la esperanza para los padres de los universitarios de la ola verde de hoy, niños entonces de nueve o diez años. En 2010 Mockus es la esperanza de esos hoy jóvenes adultos; quien los aglutina en torno al sueño común de vivir en un país urbano y mejor, la alegría recuperada tras un duro y doloroso combate que no ha terminado, la revolución de perseguir los fines con legalidad; el representante de una juventud subvalorada como fuerza decisiva, a la cual le parece de imbéciles el argumento de que el terrorismo o los vecinos no se enfrentan con girasoles, o mimos porque está bien informada o sencillamente porque el candidato nunca lo ha dicho. Es claro que los de memoria corta no recuerdan que fue Antanas quien, en su primera alcaldía, acostumbró a los colombianos a abrocharse los cinturones de seguridad, y que eso sí se logró a punta de mimos.
Dejémonos de girasoles. Imaginemos que la ola verde piensa como Samuel Azout, ex-presidente de Carulla-Vivero, cuando al preguntársele qué líderes admiraba, repondió: "Admiro a Antanas Mockus por su liderazgo poco convencional para problemas poco convencionales como los nuestros".
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