6/12/2010

No manches, guey!

Nos une a México mucho más que las mañanitas que cantaba el rey David. Es una lástima, sin embargo, que todo lo que tenemos en común colombianos y mexicanos no baste para reflejarnos mútuamente; de espejo para evitar cometer los mismos errores; para aprender las lecciones que el otro ha tenido que aprender a punta de tanta sangre.

Cual Cantinflas atravesando una puerta giratoria vamos mientras ellos vienen y viceversa. Para la muestra la "colombianización" del narcotráfico en el país de Rulfo y la "mexicanización" política que comenzamos a transitar los colombianos. Mientras allá surgen los carteles de Juárez y Tijuana, acá asistimos al nacimiento de nuestro propio PRI encarnado en el Partido de la U, ese zombie hecho con los restos de los partidos políticos que Uribe se empeñó en destruir con notarías, embajadas y lombrices burocrática; ese mazacote que no piensa porque solo come lentejas y obedece.

En México hoy impera el doloroso Medellín de los años 80 y la misma manera represiva de enfrentar la guerra contra las drogas; acá, la exclusión política de una gavilla clientelista que del bipartidismo bicentenario está mutando hacia el totalitarismo unipartidista. Apoyada en la nefasta reelección, esta fórmula se repetirá durante décadas (como sucedió para desgracia mexicana durante los ochenta años del reinado del PRI ) y veremos cada ocho años el dedo del amo señalando al sucesor; imponiendo el guiño que llaman. En colombiano eso sigifica Santos 2010-2018, Uribito 2018-2026....

Por vericuetos de la vida el último príncipe de la dinastía priísta, Ernesto Zedillo Ponce de León, ha unido su voz a los ex presidentes César Gaviria de Colombia y Fernando Cardoso de Brasil para gritarle al mundo que la fallida estrategia de la actual guerra contra las drogas precisa revisiones. Pero México no escucha a Zedillo.

En Colombia tampoco escuchamos a México y cual Cantinflas atravesando una puerta giratoria, presenciamos el funesto fortalecimiento del unipartidismo que allá tuvieron que derrotar para avisorar un amanecer político que ofreciera alguna esperanza. De los carteles colombianos tampoco han aprendido los manitos pues todos los días las versiones mexicanas de Pablo Escobar, Rodríguez Gachas, Chupetas y Cuchillas hacen allá de la suyas, llenándolos de espanto.

No manches, guey. O para decirlo a lo criollito, hermanos mexicanos, no sean tan pendejos.

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