5/21/2010

Una revolución contra los límites...

Recibí este correo, una de tantas cadenas. Llega firmado por Carlos Mejía, 10 grado. Colegio Anglo Colombiano...

* "No sé quien se inventó la expresión "ola verde", pero a la opinión pública le ha encantado. Suena masivo, inesperado, imparable. Mockus convoca a la Plaza de Bolívar, y la ola verde se moviliza. Llega a Santa Marta y contagia a la Costa. La ola verde amenaza convertirse en 'tsunami', que es la mejor manera de describir el cambio que está ocurriendo en el país.

Entiendo que sea difícil creer que ahora a los jóvenes les importe la política. No tienen experiencia laboral, no entienden de impuestos, ni maromas legales. Y parecieran no preocuparse por su país. Pero la contienda entre Santos y Mockus ha logrado infiltrarse en las discusiones de universitarios y colegiales. Es cierto, no todos los jóvenes apoyan al candidato verde (como no todos los cincuentones apoyan a Vargas Lleras), pero sí la gran mayoría. Puede parecer un intento de rebeldía absurda, pero este movimiento tiene bases muchísimo más sólidas que un simple capricho de juventud.

El escepticismo es un fenómeno en cualquier sistema político. Llega cuando las personas no se sienten representadas en el gobierno, y no pueden ver una solución a sus problemas. La pobreza, el desplazamiento forzado, la violencia, la corrupción: una serpiente de vicios que se muerde la cola y surgió mucho antes de mi generación. Nosotros crecimos en un país en guerra, como la mayoría de los colombianos y vivimos con el conflicto como quien aprende a lidiar con una lesión sin tratar. Pero que, entre más tiempo pasa, más se empeora, se hace más dañina, más incurable. Por eso, somos escépticos.

Ocho años de seguridad democrática, y sí, se puede andar por las carreteras. Sí, casi acaban con las Farc. Sí, recuperaron el control de grandes territorios del país. Supongamos que todo esto es cierto. ¿Y qué hemos ganado? Mientras en muchas partes la gente tiene que seguir colaborando con la guerrilla y los paramilitares, los políticos siguen favoreciendo a los criminales de uno y otro bando. No sirve de nada invertir millones de dólares en armas y helicópteros si la gente no cambia su manera de pensar, si no dejamos de decir que alguien merece estar secuestrado, o ser violado, o ser asesinado. Puede que el país no crezca económica o militarmente, pero podremos crecer como sociedad.

Mi generación era muy joven cuando Mockus se bajó los pantalones o se vistió de superhéroe, y pocos recuerdan cuando cambió a los policías de Tránsito por mimos y se paseaba con su propia comparsa cerrando bares a la una de la mañana. Cuando lo vi en un documental, no sabía qué era más imposible: que esas ideas locas funcionaran, o que existiera alguien lo suficientemente irreverente como para que se le ocurrieran. Mockus está realmente tan chiflado, que se le ocurrió decir que la vida es sagrada en un país donde se puede contratar un sicario por veinte mil pesos. Está tan descarriado, que le pareció oportuno afirmar que un gobierno tiene que basarse en la legalidad, cuando hemos tenido un proceso 8.000 y podríamos llegar a 9.000, 10.000 o 22.000. Pero lo mejor de su locura es su obsesión con la educación, que nadie entiende porque no gana guerras. ¿¡Qué esperar de un país donde un General de la República se pensiona mejor que el rector de la Universidad Nacional? Mockus dice cosas que los jóvenes nunca se habían atrevido a considerar, los invitó a formar parte de un movimiento masivo de gente que estaba cansada de vivir en un país que se conforma con las atrocidades.

"Muy bonito", dijo Vicky Dávila, que en este caso es la escéptica. Fajardo, en el debate vicepresidencial, le dijo que no había nada de malo con que fuera bonito, y si funcionaba, mejor. El problema es que a todos nos parece que Colombia es "muy bonita" y no hacemos nada por ella. Todos creemos que un país sin violencia es "muy bonito" pero nunca nos atrevemos a apuntar hacia allá porque nos ponemos peros de antemano. El movimiento de Mockus encarna la esperanza de los que se sentían desconfiados, les da forma a las ideas de un sueño de libertad. El girasol no es una moda, no es solamente una "ola verde". Es una revolución contra todos los límites que nos imponemos de manera arbitraria, contra todas las ideas preestablecidas de la sociedad colombiana".


* Carlos Mejía. Grado 10. Colegio Anglo Colombiano.


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